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Críticas



DIGNO DE RECORDAR

PATO” VALLEJO

por Giorgio Michi, La Industria, Trujillo Perú 2002


En algunas ocasiones la modorra teatral de nuestra cuidad se sacude gratamente debido a la llegada de interesantes teatristas, trashumantes, que en su ir y venir pasan por aquí en busca de nuevos públicos y nuevas confrontaciones y, de paso, nos alivian de esa infección que nos deja el teatro de burdel de los otinianos y cía que por estos lugares recala.

Hace algunas semanas tuvimos entre nosotros a José Patricio Vallejo, más conocido en el ambiente teatral como “Pato” Vallejo. Es el ecuatoriano, ledo en sociología, en ciencias políticas y, añadidura (no sabemos qué se añade a qué) actor, director y dramaturgo.

Su formación teatral se inicia en su país y continua por Cuba, Colombia, Argentina, Dinamarca y habrá de prolongarse por meridianos y latitudes hasta su último aliento.

Pues bien, este compañero es alguien con quién pudimos sintonizar casi de inmediato -rara cualidad en estos tiempos de fingimientos e imposturas – a diferencia de lo que nos ocurre con los teatristas locales con quienes la comunicación resulta difícil a pesar de los años transcurridos en el intento.

Sin duda, la ausencia en “Pato” de pose alguna, de autosuficiencia o asomo de soberbia, y su capacidad para escuchar con sinceridad, son factores que han decidido nuestro mutuo entendimiento.

Pato” Vallejo se presentó entre nosotros con un unipersonal titulado “Adiós” que fue su manera de regresar al escenario como actor luego de 10 años de trajinar por la dramaturgia y la direción. “Adiós”, cuyo texto le pertenece, es una performance que nos hace testigos del transitar iniciático por los caminos del aprendizaje actoral con todo lo que ello implica de sorpresa y desalientos, excesos y carencias, dudas y certezas y un preguntarse constantemente por el significado y el sentido de oficio.

En un escenario austero y con una propuesta actoral pobre y rica a la vez a la manera grotowskiana, sin pelucas ni maquillajes, sin zancos y muñecones, sin cabriolas ni parafernalia efectista, sin falso “pathos” y con el sólo recurso expresivo de la esencialidad del actor – un cuerpo dócil y una dicción impecable - “Pato” cuenta con su historia transitando por un espacio que su cuerpo multiplica y transforma.

Una historia que es, básicamente, una referencia a la condición del actor latinoamericano, maltratado, minguneado, receloso, dubitativo y siempre proclive a perder la dignidad.

En la antigua Grecia al actor se le llamaba “hypokrités” (el que responde), pero esa palabra no tenia entonces el sentido peyorativo que fue ganando con el tiempo. Por el contrario, el actor es, más bien, el “único hipócrita honesto” y “Pato” Vallejo con su espectáculo nos confirmó la veracidad de esa expresión: fue sincero, genuino y cálido.




COMENTARIOS DE PRENSA


El actor se vuelve un personaje que se construye frente a nuestros ojos. Se instala y edifica un espacio, una porción de mundo que da cuenta de una realidad particular”

Genoveva Mora, El Hoy, Quito


En su lenguaje escénico, Vallejo apuesta por un expresionismo de gestos grandes y fuertes. El manejo de la voz se inscribe dentro de la misma línea de trabajo. Barroco, cada frase corporal o verbal en sus obras está cargada de signos y sentidos múltiples.”

El Comercio, Quito



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